prefacio

había una vez una princesa que vivía en una pequeña torre,

en un paraíso tropical,

caminaba de puntitas sobre los caminos de piedra,

a veces se detenía a acariciar a los gatos

o a alimentar a los tejones

se sentaba frente a la laguna

y pensaba qué bonito era el atardecer

tenía las manos agrietadas

a pesar de su delicadeza,

le gustaba crear

ella creía que los libros

la hacían más bella que el maquillaje

que la elegancia estaba en la dulzura

y no en los tacones

ella quería salvar al mundo

darle de comer a los niños hambrientos

rescatar a los animalitos abandonados

acordar la paz mundial.

ella soñaba mucho

aunque dormía poco

(tenía muchas pesadillas).

el rey estaba preocupado

la guerra los dejó sin qué comer

la reina lloraba mucho

el príncipito no entendía,

sólo se retraía en la esquina.

un día 

ella salió sin su corona

(había tenido que venderla)

y vio a los verdaderos niños hambrientos

y los gatos la arañaron

y la gente le escupía

y cuando quiso hablar de poesía

de pintura

o del simple púrpura de las flores

(cosas que la hacían feliz)

la apedrearon

(ellos tampoco tenían qué comer)

entendió que no se puede salvar al mundo

no de sí mismo.

porque toda la maraña que lo compone

es una maldita mentira.

regresó a su torre

destruída casi por completo,

se encerró por semanas

hasta que tomó una navaja

dijo adiós a sus rizos que caían con el sol

y se cortó las venas.

la velocidad al máximo, la música alta, los parajes desconocidos, los framboyanes tirándonos flores sobre los cristales empañados, el humo espeso; afuera el calor, los moscos, la humedad, las vacas, ese mundo aparte, esa ilusión que ambos habíamos decidido abandonar.

éramos los dos contra ese mundo sórdido y vacío, esfumándonos entre paisajes, entre las nubes del cielo, las nubes de tu cigarrillo.

éramos los dos.

éramos nosotros.

“Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía.”

Vladimir Nabokov

When I was in the hospital
I was roomed with a schizophrenic
And she was the most gentle person I have ever met
There was a boy with a long deep slit across his neck
Who told very funny jokes
A girl who never spoke a word
Would draw the most beautiful pictures
The boy who shook with anxiety
Could hold the most intelligent conversations
Even the girl who screamed in her sleep and picked at her skin
Had a heart the size of the ocean
We are not who you think we are

(via sadistic-system)

when routine bites hard

and ambitions are low

and resentment rides high…

i dont wanna stay at your party

i dont wanna stalk with your friends